miércoles, 4 de febrero de 2015

La ruta por la libreta

El año pasado a mediados del mes de octubre se me ocurrió la idea de sacar la libreta militar nuevamente, pues hace diez años atrás me la habían robado con los papeles, como no la he tenido que utilizar, no la había sacado, sin embargo, para buscar un empleo en algún cargo público, tener contratos públicos o por si se me da por hacer algún post-grado, me la exigen, decidí hacer las vueltas y me di a la tarea de averiguar. 

Recuerdo que en ese mes empecé la búsqueda en Internet, y di en el buscador como: sacar la libreta militar. Allí encontré una página del ejército que me decía lo siguiente:

Para obtener el duplicado para la libreta militar se debe realizar el siguiente trámite: 
1. Presentarse en cualquier distrito militar a nivel nacional
2. Dos fotografías fondo azul de frente con corbata
(Primera clase: de 2.5 x 4.5) 
(Segunda clase: de 3.5 x 4.5)
3. Fotocopia de la cédula de ciudadanía ampliada al 150%
4. Cancelar el valor correspondiente a laminación y expedición del documento (15% de un salario mínimo mensual vigente)
Para actualizar datos anexar a lo anterior:
- Profesión: fotocopia al 150% de la tarjeta profesional, acta de grado, fotocopia del diploma
- Cambio de tarjeta de identidad a cédula de ciudadanía (fotocopia de la cédula ampliada al 150% por los dos costados.

Después de hacer esto, como lo dice allí, me dirigí al distrito militar más cercano, el cual para Villavicencio es la séptima brigada, -si ese lugar que todos conocemos como el puente de la séptima brigada, allí donde están esos soldados detrás de unas rejas blancas, esas son las oficinas del distrito de Villavicencio-.

Madrugue y expectativo de la información que me iban a decir llegue, pero al hablar con un soldado de esos que prestan servicio militar y que por castigo o por palanca lo ponen a prestar guardia me dijo, “hoy no trabajan toca que venga la otra semana” recuerdo que era como un jueves.

Efectivamente a la semana siguiente fui, recuerdo que fue el martes y nuevamente estaba el mismo soldado, el cual me dijo que no había nadie porque se encontraban de vacaciones, al escuchar eso, respire profundo y le comente a que iba, el con voz de autoridad me dijo “tiene que ingresar a la página https://www.libretamilitar.mil.co/ y allí dar sus datos, colgar los documentos que le pidan, ahora todo se hace por medio de esta página”.

Siendo así, me fui nuevamente para mi casita y al día siguiente mire la página, me registre y leí el contenido; ésta sirve para Consultar el estado de la situación militar, expedir del certificado de la libreta militar, inscripción para la definición de la situación militar. Y averiguar por el estado de la situación militar, pero no respondía mi pregunta sobre que debía hacer para conseguir el duplicado de la libreta militar.

Al no encontrar respuesta decidí volver a la brigada al día siguiente, nuevamente otro soldado se encontraba en la portería, no me dejo entrar y al preguntarle, me dijo que tenía que hacer el procedimiento de la página, le explique lo que me había sucedido y su respuesta fue que “así hay que hacerlo” y se retiró sin decir nada más.

No quise seguir con el proceso y deje eso así, pero en diciembre seguí con la curiosidad y me arriesgue a hacerlo como si hubiera salido recién del colegio; me di a la tarea de ingresar a mi cuenta y completar los pasos que me decía la página. Di mis datos en el link que dice inscripción, allí encontré parte de la información que necesitaba, pues decía que si iba a sacar un duplicado tenía que anexar copia del denuncio y de la cedula a 150% en formato PDF, es así que seguí las instrucciones, pero al subirlos me salía un letrero de esos que dicen que había un error, intente subirlos como diez veces y siempre obtuve la misma respuesta de la página, los cambie de formato, les reduje la calidad y al final nada de eso sirvió, porque seguía obteniendo el mismo mensaje, al finalizar la noche, como a las diez, me di por vencido y apague.

Pasado la época decembrina, la comelona de fin de año, reuniones familiares, borracheras y demás. Y luego de enterarme que un amigo iba a sacar la libreta también; en enero me arriesgue nuevamente y le comente a él el caso para que no perdiera tiempo, de esta forma ambos nos pusimos las pilas y cada uno ingreso a la página, di mis datos y colgué los documentos nuevamente pero seguía saliéndome el mismo mensaje de error.  Repetí el procedimiento como tres veces y a la cuarta logre ver el mensaje que me confirmaba que los documentos habían sido colgados satisfactoriamente.

Al terminar esto, la página dice que en los próximos días envían al correo personal un mensaje diciendo que se puede acercar al distrito militar más cercano a continuar con el trámite.

Teniendo en cuenta este mensaje me relaje nuevamente y espere uno, dos, tres días, una semana, al pasar la segunda semana y no recibir el correo me arriesgue, fui con mi amigo, nos tomamos las fotos, alistamos los documentos y nos fuimos para la séptima brigada nuevamente.

Recuerdo que eso sucedió en la tercera semana de enero, llegamos esa mañana y había gente haciendo fila, decidimos comentarle al soldado que estaba en la portería a que íbamos, la respuesta de este fue que necesitábamos una ficha para entrar. Ya sabrán ustedes como me puse en ese momento, pero manteniendo la cordura y aprovechando que el descontento era compartido me calme, por fortuna mi amigo que se encontraba allí hablo con él y este le dio las dos fichas para ingresar a las dos de la tarde.

Volvimos nuevamente a las dos de la tarde y después de casi cuatro meses, conseguía entrar al distrito militar como lo decía la página. Una vez pasamos la reja blanca que parece, divide la vida civil de la militar, donde en un lado somos ciudadanos y en el otro se siente que somos del rango más bajo de las fuerzas militares, nos requisaron, pidieron los datos, firmamos el libro de entrada y en fila entramos a la oficina. Siguiendo orden tras orden, “siga por aquí, siéntese aquí, cuando éste se pare, pase a la silla de él y así consecutivamente”; como maquinas nos fueron acomodando quedando casi de ultimas.

Eran las dos y media y pasaba la primera persona, a los veinte minutos la segunda y así sucesivamente, hasta darnos las cuatro de la tarde sentados, impacientes y con la vena brotada en la cien de desperdiciar media tarde, nos atendió el sargento primero.

Me pregunto a qué iba y le expliqué, me pidió los documentos, se los dí, pero al verlos sueltos me pidió la carpeta, le pregunte, “Cual carpeta?” me dijo “la carpeta cuatro alas blanca en la que tiene que traer los documentos”, le dije “eso no lo decía la página y nadie me dijo eso” en respuesta me dio un papelito, del tamaño de una boleta para ir a cine donde decía los requisitos: Fotocopia de la cedula ampliada a 150% por ambos lados, copia del denuncio de la pérdida del documento, tres fotos tamaño  2.5 x 4.5 si es primera clase y la carpeta cuatro alas blanca.

Afortunadamente él siendo persona me dijo “vaya consígala y entra nuevamente” sin mediar palabra salí corriendo rumbo a la Rosita, barrio más cercano a la brigada y después de preguntar como en tres papelerías conseguí la bendita carpeta. Me devolví rápidamente para la brigada, el soldado que ya me había visto me dejo entrar nuevamente, organice los documentos y fui donde el sargento donde me dijo, que esperara un momento ya me llamaba.

Me senté, eran las cinco de la tarde, espere diez, quince minutos y nada que nos atendían. A las seis él se percató de nuestra presencia, le dio la orden a un soldado que nos recibiera los documentos para revisarlos, se los dimos y al hacer la revisión, se dirigió a la oficina del mayor mientras nos decía que volviéramos al día siguiente a las siete de la mañana por la liquidación que ya estaría lista.

Al día siguiente madrugue, pero para el trabajo porque había dejado varias cosas pendientes, pero siendo la una y media de la tarde me dirigí a la brigada a reclamar la liquidación. Llegue a las dos y se encontraba el mismo soldado que el día anterior nos había atendido, así que le dije que iba a reclamar mi liquidación, pero la respuesta de este no fue la que esperaba. “hoy es viernes y los viernes no trabaja nadie aquí

No les comento como salí de allí, solo sé que aproveche la tarde y adelante muchas cosas en el trabajo.

Pasó el fin de semana, el lunes y decidí ir el martes en la mañana. Cuando llegue, otro soldado que nunca había visto, estaba en la portería y nuevamente le comente que iba por la liquidación, la respuesta de éste fue que necesitaba la fichita para entrar, me aguante el mal genio y le comente en resumen toda la travesía que había tenido hasta el momento y que me parecía una falta de respeto. Una señorita de civil se acercó  desde el lado de la reja donde estaba el soldado y le pregunto que sucedía, sin dejar que él le comentara le repetí la historia y ella me dijo “es que mi mayor es quien líquida y si él no está, no se puede hacer nada”.

Salí de allí y a la una y media de la tarde volví por la fichita, cuando llegue, el mismo soldado de la mañana me dijo que ya se habían acabado, con la vena brotada en la cien y tratando de canalizar esas malas energías que tenía, le pregunte a otro soldado, le resumí la situación o como dicen por ahí “le llore” para que este me dejara entrar.

De esta forma, nuevamente estaba adentro y como maquina obedecía cada orden que me daban, espere en la silla sentado, hasta que me dieron las cuatro de la tarde para que me tocara mi turno, pase donde el sargento donde le explique y este dio la orden al soldado, que averiguara donde el mayor si éste tenía mi liquidación.

Paso las cuatro y media y llego las cinco y el nadie decía nada, me pare hable con el soldado nuevamente y el mayor hizo su presencia, pregunto con voz de mando, quien lo necesitaba y una docena de personas se le abalanzo, fue escuchando y copiando en un papelito los nombres de las personas y el requerimiento, claro, no me quede atrás y le comente la situación.

Siendo las seis de la tarde y después de pasar a la oficina del mayor, hablar con él, decirle todos los inconvenientes que había tenido hasta el momento, entre ellos que no existe un lugar donde obtener información sobre cómo sacar el duplicado de la libreta y siendo éste el único, es casi imposible entrar, que era más fácil falsificarla que venir y  perder dinero, tiempo, y energías, salí con la liquidación en la mano.

Ahora solo me queda pagar la suma de 97.000 pesos, volver por la fichita para después entrar, dejar la copia de la consignación cancelada y de la cédula ampliada a 150% y en un mes volver nuevamente por la fichita y reclamar el duplicado de la libreta militar.


De todo lo anterior me quedaron varias reflexiones, la primera, es que para el ejército Colombiano los civiles tenemos el menor rango de jerarquía, por tanto no merecemos respeto, nuestro tiempo no cuenta; las paginas creadas por el estado para facilitar la relación de la sociedad con las instituciones se convirtieron en una barrera más de acceso y dificultan los procedimientos y por último, los funcionarios públicos tiene que capacitarse en servicio al público y mejorar el sistema de información.

Att: Andres Liz Motta

sábado, 1 de noviembre de 2014

Reflexiones de una visita “real”

En los últimos días gracias a nuestros medios de comunicación nos enteramos que a Colombia ha llegado de visita el príncipe Carlos con su señora esposa Camilla duquesa de Cornualles, dos personajes de la realeza Inglesa, que entiendo son dos personajes muy importantes.

Digo gracias a nuestros medios de comunicación, porque la parafernalia que le han montado es tanta que por una semana hemos olvidado los problemas actuales de nuestro país, o sino pregunten sobre el paro de la rama judicial, o cuales fueron los acuerdos concertados por el gobierno y las Farc. Por un momento los colombianos nos hemos salido de la realidad, ya que la farándula nos ha generado una cortina de humo en nuestras cabezas que hace que veamos la visita de estos personajes como lo último en guaracha y las problemáticas actuales las olvidemos.

Que probaron chontaduro, que le regalaron un poncho, un sombrero vueltiao y diversas cosas que humildemente nuestros campesinos y artesanos hacen con sus manos, lo curioso del caso es que el estómago de estos dos personajes es tan fino que muy seguramente, ese chontaduro les abra provocado una diarrea, -claro sin desmeritar las delicias de esta fruta Colombiana que para ellos, seguramente nunca en su vida la habían probado y muy seguramente, no lo volverán a hacer- el poncho no se lo quiso poner el príncipe para no arruinar su traje terciado y el sombrero le arruinaba su peinado perfecto.

Luego de esto, fueron a ver una parte de un partido de Rugby, con jugadores de  Buenaventura, Tierralta y Apartado que hacen parte del programa Try Rugby, alianza de la llamada diplomacia deportiva de la Cancillería contra el reclutamiento armado de menores”, que si bien es un programa apoyado por la cancillería Inglesa, también debieron llevarlos a que disfrutara de los juegos autóctonos Colombianos, como un partido de tejo o una carrera de triciclos, de esas que se hacen en Medellín. Aprovechando que están en la capital, debieron pasear en bus o aún mejor en transmilenio, también pasar por la emblemática plaza España para que se sientan un poco en Europa y si quieren ir de rumba a cuadra picha.

Por otro lado, mirando este cuadro que en los últimos días nos han mostrado, me acuerdo la época de la mal llamada conquista, cuando un señor llamado Cristóbal Colon toco las tierras de esta América, dizque descubriendo un nuevo continente, donde fueron recibidos con bombos y platillos por nuestras tribus indígenas, dándoles regalos como pieza de oro, plata y bronce, frutos y muchas cosas más, -según relatan los historiadores- siendo el inicio de un saqueo permanente a las Américas que aún sigue y que gracias a los medios de comunicación y las grandes elites “celebramos” cada vez que alguien del antiguo continente nos visita.

Unos dicen que traen desarrollo, otros modernidad y muchos comen cuento de ayudas, como si este país necesitara más de la que hay, es odioso pensar de esta forma, pero es evidente que con todo el oro que tenemos, no necesitaríamos ayuda externa, pero que por culpa de la ambición de la misma élite que hoy recibe a estos personajes no están satisfechas nuestras necesidades básicas.


Mi punto a tocar es que aunque a nivel histórico nos arrodillamos cada vez que alguien nos visita, no podemos centrar nuestra atención en ellos, pues, a pesar de que el poema llanero el ánima de sana Elena diga que “es una ley del llanero darle la mano al que llega. El que está adentro se atiende, el que está afuera, se apea, y con gran algarabía se le abre la talanquera como si fuera un hermano que de otras tierras viniera” debemos centrarnos en nuestros personajes, brindar la misma amabilidad a los vecinos del barrio, fomentar y valorar lo nuestro, lo de nuestra tierrita; también, tener en cuenta que esa clase arrodillada que hoy en día esta de anfitriona, no representa los interés de la mayoría. Igualmente debemos tener presente nuestras problemáticas, ser conscientes que somos parte de la solución y que si empezamos a cambiar el canal, podemos empezar a cambiar nuestra realidad.   

por: Andres Liz Motta

sábado, 23 de agosto de 2014

Cartografiando Nuestra Ciudad

Y empezó la tarea, comentaba uno de los jóvenes de la plataforma, otro decía "ahora si iniciamos el camello" y por último, se escuchaba decir por ahí “pobre Didier, esta semana le va a tocar muy duro”; con estas palabras y con muchas expectativas, dio inicio en esta semana de la juventud la actividad de cartografía social juvenil, que al son de los tambores y trompeta de la barra Los del Sur Villao decidí describir un poco lo que sucedía aquí.

Siendo las casi dos de la tarde fuimos llegando en bandada. Cuatro carros con sillas, mesas, sonido y una gran expectativa de lo que sería el evento de inicio de la Cartografía Social Juvenil. Estábamos allí en  el coliseo del barrio Comuneros, barrio perteneciente a la comuna siete de Villavicencio, acomodando todo mientras que al son de la música una vez instalada, uno a uno fueron llegando niños y niñas a ver que sucedía.

La gente, los vecinos del sector se asomaron a las ventanas, algunos arriesgados preguntaron y otros ya citados antes, empezaron a arrimar, como cuando las hormigas se empiezan a llegar cuando hay un grano de azúcar en el suelo.

Al pasar una hora, con mucha expectativa y tratando de mantener el orden, Anderson se apropio del micrófono y como un maestro de ceremonia coordino y organizo la vaina, pues niños corriendo, gritando, gente con caras de interrogación y algunos nerviosos se miraban por las graderías de este coliseo.

Después de dar la explicación e introducción, le cedió el micrófono a la chiquita que nunca necesita utilizar uno, pero que hoy lo tomo con una fuerza que al oír su voz despertó a más de un distraído, saludando a todos y todas, y dando las explicaciones para organizar los grupos de trabajo.

Uno a uno se fueron acercando, los sabios, personas adultas y mayores para que nos contaran como era su comuna, su barrio cuando aún no existíamos, sin embargo entre ellos solo se escuchaba “Como será esta vaina, a que vine” mientras se desplazaban muy tímidamente y lentamente a la mesa de trabajo.

Luego al nombrar el grupo de presente, que era trabajado por los jóvenes, nadie llego, temerosos estos jóvenes se quedaron en las graderías, solo se miraban unos a otros y susurraban entre ellos, esperando quien era el valiente en dar el primer paso y acercarse a la mitad de la cancha donde estaba el mapa.

Al nombrar al grupo tres, el futuro, representado por nuestra niñez, se abalanzo una horda de niños alrededor del mapa, que inquietos, ansiosos y sin temor tomaron asiento en el suelo haciendo toda clase de preguntas.

Anderson, tomo la palabra, hizo una segunda invitación a los jóvenes, los cuales temerosos y con un poco de vergüenza empezaron a acercarse uno a uno, hasta que al final estaba rodeado de jóvenes con caras de pregunta y sin saber que vienen a hacer.

Expectativos, uno a uno y con un poco de temor, se enumeraron de uno hasta seis para formar los grupos por cada uno de los derechos a trabajar. Mientras se realizaba esto, los integrantes de la mesa del pasado, casi silenciosos, en comparación al ruido que se generaba en el lugar, trabajan aportando sus conocimientos. 

La actividad transcurrió en relativa calma mientras que era acompañada por el sonido de los tambores y trompeta de la barra Los del Sur Villao y las melodías de las decenas de voces entre niños, niñas, jóvenes y adultos que se encontraban aquí.

Observando al grupo del futuro, me doy cuenta que efectivamente la población infantil tiene que ser la que más atención le preste el estado, pues además de ser el futuro, también por su inocencia y muchas otras características, deben estar garantizados todos sus derechos, pero que desafortunadamente hoy en día en muchos sectores y barrios de nuestra ciudad, no lo están, pues así como en esta actividad, tiene el mayor número de facilitadores en comparación de los otros dos grupos, en la realidad debería ser igual.

La actividad continuo y lo único que cambio en el panorama, fueron los rallos del sol acariciando la espalda de algunos jóvenes, mientras pasaba la tarde, se ven niños corriendo, algunos dibujando, orientados por los compañeros de la plataforma y niñas de la barra; chaquetas y buzos verdes se resaltan en el panorama, pero en especial, una camisa de color zapote con la palabra postobon en la espalda, que pasea en el coliseo recogiendo la basura en una bolsa.

Al cabo de un rato y gracias a los rallos del sol, que cada vez cubría el coliseo, nos desplazamos a uno de sus lados para dar inicio a la socialización dentro del grupo. De esta forma, un joven de cada grupo de los derechos tomo la vocería, algunos tímidos, otros forzados por sus compañeros y uno que otro valiente, empezaron a darnos su punto de vista del barrio y comuna, describiendo los lugares de riesgo, protección y tolerancia.

Risas iban y venían, algunas palabras jocosas y chistes mal intencionados entre ellos y ellas, pero con mucho respeto se escucharon, compartieron y se conocieron, pues a pesar de convivir en el mismo contexto, o hasta en el mismo colegio, algunos nunca se habían encontrado.

La actividad finalizo a las seis de la tarde, recogiendo el desorden, rifando tres balones y compartiendo el refrigerio, la gente se fue retirando del polideportivo. Nosotros, agotados pero felices por la labor cumplida, tenemos la convicción de que gracias a la voz de estos jóvenes, algunos escolarizados, otros no, muchos con problemas familiares; esta actividad que hoy iniciamos y que la finalizaremos el próximo viernes, creemos, nos servirá para generar un trabajo basado en la realidad juvenil, en la vivencia diaria de estas comunidades, lo cual nos permitirá comprender mejor el territorio en el que vivimos y a ellos poder mirarse y tener un auto retrato de que es lo que tienen en su barrio y como poder ayudar a generar el cambio que cada uno y cada una queremos.

Por: Andrés Liz Motta